João Ricardo Lopes (Guimarães, 1977) es poeta, narrador y crítico literario portugués. Licenciado en estudios de lengua y literatura, ejerce la docencia en los niveles de enseñanza básica y secundaria, en las áreas de Lengua Portuguesa, Portugués como Lengua No Materna y Literatura Portuguesa.
Desde su debut literario en 2001, ha publicado siete libros de poesía, un volumen de cuentos y una recopilación de crónicas que integran textos previamente divulgados en la prensa periódica y en su página digital. Su obra figura asimismo en un considerable número de revistas especializadas, antologías y recopilaciones literarias de ámbito nacional e internacional.
Su producción poética se caracteriza por un diálogo semiótico e intertextual constante, en el que abundan las referencias a otros autores, desde Homero hasta José Tolentino de Mendonça. Igualmente significativa resulta la dimensión écfrasis de su escritura, que establece una relación sensible con la pintura, la fotografía, así como una lectura heterogénea de compositores como Johann Sebastian Bach, Vivaldi o Joaquín Rodrigo.
En su obra adquieren especial relevancia los temas de la memoria, la filiación, la búsqueda del silencio y de la paz interior, lo que propicia una aproximación temática y estética a los rubaiyat de Yalal ad-Din Rumi, a los haikus japoneses y a la poesía introspectiva y esencialista de autores como Anise Koltz, Ian Hamilton o Tomas Tranströmer. Su escritura también se apoya en una revalorización de los gestos cotidianos y en una constante reflexión sobre la función del arte y la dualidad creativa-destructiva inherente al ser humano.
Aunque ha cultivado con notable acierto la narrativa breve (a menudo en clave satírica o de ironía mordaz, donde se enfrentan humor y erudición), João Ricardo Lopes ha sido principalmente reconocido por sua produção poética.
•
POÉTICA
de lo que más me complace
es de esta luz
conquistada,
de las blancas esquirlas de la voz
entre los papeles, de la furia del viento
en medio de los tendederos,
de la memoria encordonando
los antiguos sábados
cuando fregábamos el suelo de la casa
con jabón
y éramos humildes siervos
de una causa mayor
y nos sentíamos limpios
y tranquilos
(APA)
•
EUTRAPELIA
cuando los días fuesen
muy pesados, repetitivos, atroces,
tal vez puedas recordarte
del magnífico jarro amarillo
que renace todos los años
en la parte más oscura del jardín,
o de las palabras sabias de Epicuro,
o de las palabras santas de San Agustín,
y amar la belleza de otro modo,
o conocerla más allá
de las formas, de los colores, del sentido común,
midiéndola no ya por la intensidad
y aspavientos,
sino por el bien que te hace
(APA)
•
EL OLIVO DE LANZAROTE
existe en las cosas viejas
la certeza inexorable de que la vida
no falla
en su pacto con la muerte
pienso en el olivo de Lanzarote,
en aquel que Saramago mandó traer
y que un día también,
entre lava negra y polvo de pozolana,
tendrá piel de tortuga centenaria
y vástagos que le tuerzan el tronco,
ahora joven
y arrogante
•
CEREZAS
de ese fruto se extrae una memoria
de fuego y de frío,
de palabras lánguidas y suspiros dolientes
a lo largo de la casa
mi abuela materna escogía
las más rubicundas, y yo las comía con broa,
decía: la sangre de las cerezas cura el dolor de los viejos
e inocula en los jóvenes la tristeza,
porque su carne es incierta
al contar del amor
yo nunca supe querer las cerezas.
es como las supersticiones
para las que no hay conjuro
veo a los pájaros asaltar los árboles
y llevárselas deprisa por el aire.
será cosa de almas,
no les envidio el júbilo
la sangre que les tiñe el pico
me parece un mal presagio:
sé – no sé cómo, pero sé –
que pronto morirán
(AMI)
•
TORMENTA
al menos eso, al menos eso, los relámpagos regodeándose en el espacio, alegrando la noche, los truenos percutiendo en los goznes de las puertas, el olor de la tierra seca que los dedos de la lluvia levantan. al menos eso, saber algo despierto en nosotros y para nosotros, como un vibrato al piano que alguien toca a altas horas, justo a tiempo de salvarnos
(APA)
•
EL CARNAVAL Y LA CUARESMA SEGÚN BRUEGEL
admitamos que la vida nos mueve ora a la derecha, ora a la izquierda de este lienzo de Bruegel, obligándonos a la estricta observancia de la tristeza unas veces, otras la obligando nosotros a la extraña idolatría de la risa
canta, hijo mío, canta dijiste en la entrada del porche y también que los apóstoles de la melancolía son los más fanáticos entre los que pecan y los más terribles asfixiadores del sol
(SAL)
•
CINE PARADISO, GIUSEPPE TORNATORE, ENNIO MORRICONE
¿por qué a veces la noche arde en nosotros en una inflorescencia de remordimientos? ¿qué son el bien y el mal? ¿cómo dos granos de arena cuando oponemos entre si la pulpa hostil de nuestros dedos?
(SAL)
•
RARAS VECES TRESPASAN LA PUPILA
raras veces traspasan la pupila
tan duras casas de piedra
bajo la concha del resplandor de la luna, azul y amarillo
el hombre sonríe desde dentro, desde muy dentro de sí
es un hombre de memorias
aturdido por la sombra de los colosos
pero es difícil saber lo que piensa ese hombre
es difícil saber lo que sueña ese hombre
está quieto, inerte, parado a gran distancia
como si fuese una despedida
y nosotros que así lo miramos
sentimos todo el frío de la tierra inundarnos el cuerpo
(JL)
•
Al final de cada poema figura el nombre del traductor. Traducciones de Alfredo Pérez Alencart (APA), Santiago Aguaded Landero (SAL), Jesús Losada (JL) y Alba María Iglesias (AMI).
João Ricardo Lopes ist ein portugiesischer Dichter und Schriftsteller, geboren 1977 in Azurém, im Kreis Guimarães. Sein literarisches Werk umfasst mehrere Bände mit Gedichten, Erzählungen und Chroniken, in denen Themen wie Erinnerung, kindliche Liebe, die Suche nach Stille und innerem Frieden, die Aufwertung kleiner Alltagsgesten sowie eine ständige Reflexion über die Rolle der Kunst und die zerstörerisch-schöpferische Ambivalenz des Menschen besondere Bedeutung haben.
Häufig zitiert er andere Autoren oder tritt mit Malerei, Musik, Kino und Fotografie in einen poetischen Dialog. Seine Kindheit auf dem Bauernhof der mütterlichen Großeltern dient als Leitmotiv seiner Werke, in denen auch seine klassische Ausbildung in Latein und Altgriechisch, seine Liebe zum Journalismus und eine ironische Rückkehr zu historischen Figuren und Epochen ihren Platz finden.
Ein scheuer Autor, der Interviews und öffentliche Auftritte meidet, wurde Lopes mit dem Ary dos Santos Poesie-Förderpreis (2001), dem Maria Irene Lisboa Kurzgeschichtenpreis (2009) und dem Nationalen Poesiepreis der Stadt Fânzeres (2001 und 2022) ausgezeichnet. Seine Bücher, vor allem seine Gedichte, wurden bereits ins Englische, Französische, Spanische, Italienische, Serbokroatische und Armenische übersetzt.
•
EUTRAPELIA
wenn die Tage zu schwer, zu gleichförmig, zu grausam werden, kannst du dich vielleicht erinnern an die herrliche gelbe Kanne, die jedes Jahr neu erblüht im dunkelsten Winkel des Gartens, oder an Epikurs weise Worte, oder an die heiligen Worte des Augustinus, und Schönheit auf andere Weise lieben, oder sie jenseits von Form, Farbe und Alltagsverstand erkennen, sie nicht mehr nach Intensität und Spektakel zu messen, sondern nach dem Guten, das sie dir tut
•
BACH, BITTE!
ich vergesse alles, die klare Angst vor Unreinheiten, vor Schuld, vor Unglücken, vor Reisen, die nie stattfanden, vor flüchtigen Vögeln und Liebschaften, vor dem dunklen Gesicht, das mich im Spiegel verfolgt, vor träumelosen Tagen
mein Herz schrumpft. Bach, bitte!
•
ODYSSEE
(RÜCKKEHR DES ODYSSEUS, DES NARREN)
meine Alte, du hättest nicht so lange warten sollen. ich habe vom Meer diese Blindheit des Tangs und Prostatakrebs mitgebracht, ich habe die Asche mitgebracht, die Nymphen und Sirenen (und die schwarze Spinne von Ogygia) in mir angezündet haben
ich reiste durch all die Betten, die das Mittelmeer umsäumen und weder du noch ich sind schuld oder zu retten
Telemach, noch ein Kind, und doch schon so stark
der Bogen, der mich in die Tiefe schleudert, ist gealtert, an Klippen voller Bussarde und magerer Oliven
unten ist es der Schaum, der mich tötet. habe ich dir gesagt, dass ich sterben will?
so bleib und web weiter, nutzlose Königin! aus Klippen ist das Leben gemacht, zwanzig Jahre Glut nagen bis auf den Knochen und dann – nichts mehr, nur Krankheit, nur diese nackte Insel, nur Erinnerung, die fliegt und fliegt, bis sie versinkt oder jemand aus ihr ein Epos macht, und lügt, lügt, lügt
.
(PENELOPE AN ODYSSEUS)
ehrlich gesagt, ich weiß nicht, ob ich dich liebe: vielleicht liebe ich dich wie die Zicklein, so harmlos zuerst – und dann nicht mehr. vielleicht begehre ich dich im selben Kerker
du steigst mit deinem alten Glöckchen den Hang hinab, ich spüre dich nahen (jetzt demütig, damals nicht), und ich streichle dir den Rücken, zähle die Tage, die noch fehlen (meine Rache, dieser unbestimmte Blitz einer Frau, die ich bin bis ins Innerste), um dir zuzulächeln und dir das Messer in den Nacken zu rammen
•
KIRSCHEN
aus dieser Frucht zieht man Erinnerung an Feuer und Frost, an schleppende Worte und wehklagende Seufzer durch das Haus
meine Großmutter mütterlicherseits wählte die rötesten aus, und ich aß sie mit Maisbrot, sie sagte, das Blut der Kirschen heilt den Schmerz der Alten und legt den Jungen die Traurigkeit ins Herz, weil ihr Fleisch so ungewiss ist wie die Rechnung der Liebe
ich konnte Kirschen nie mögen. wie mit dem Aberglauben, fur den es keinen Bannspruch gibt
ich sehe die Vögel die Bäume stürmen und sie hastig in die Lüfte tragen. vielleicht ist das etwas für Seelen, ich beneide sie nicht um ihre Lust
das Blut, das ihre Schnäbel färbt, scheint mir ein böses Omen: ich weiß – ich weiß nicht wie, aber ich weiß – sie werden bald sterben
•
DIE GERBERA
auch die Gerbera erweitern den Raum und vertiefen ihn, sie gehorchen nichts als dem Kreis und sich selbst. und deshalb sind sie frei und sorgsam. und deshalb von derselben wundersamen Natur wie Honig, wie das Gedicht, oder wie das Blau. ich wollte über das Schweigen schreiben, aber das wisst ihr ja schon
•
KARNEVAL UND FASTENZEIT, NACH BRUEGEL
nehmen wir an, das Leben treibt uns mal nach rechts, mal nach links in diesem Bild von Bruegel, zwingt uns einmal zur strengen Trauer, ein anderes Mal zwingen wir sie zur absurden Anbetung des Lachens
sing, mein Sohn, sing hast du gesagt am Eingang des Vordachs und auch, dass die Apostel der Melancholie unter den Sündern die fanatischsten und furchtbarsten Verdunkler der Sonne sind
•
Übersetzung, Auswahl und Biografie von Anne-Marie Treichel
João Ricardo Lopes (Guimarães, 1977) est poète, écrivain et enseignant. Auteur d’une œuvre déjà ample et remarquablement cohérente, il a publié sept livres de poésie, ainsi qu’un recueil de nouvelles et une anthologie de chroniques littéraires. Son travail, distingué par plusieurs prix nationaux, a été traduit en diverses langues, dont l’anglais, l’espagnol, l’italien et le français.
Sa poésie se reconnaît à un ton méditatif, parfois interrogatif, qui explore le silence, la rédemption et l’énigme de la condition humaine. Dépourvue de tout lyrisme décoratif, son écriture s’inscrit dans une tension philosophique où affleurent, de manière explicite ou souterraine, Schopenhauer, Sartre, Camus ou Cioran.
João Ricardo Lopes entretient également un dialogue constant avec d’autres arts (la musique, la peinture, le cinéma), qui nourrissent et structurent sa vision poétique. Cette inclination interdisciplinaire traverse aussi son activité critique, attentive aux correspondances entre le mot, l’image et le son.
Il vit et travaille à Fafe, dans le nord du Portugal, où il enseigne la langue et la littérature portugaises. Son engagement pédagogique accompagne une réflexion éthique et esthétique sur la place de la poésie dans le monde contemporain.
.
À L’INTÉRIEUR DU SILENCE
tu poses le livre contre ton nez pour en respirer l’odeur du papier. puis tu balbuties des choses indécises, tu te souviens des jeunes filles peintes par Vermeer, tu absorbes, par les fentes de la maison, comme elles, l’amour des lettres
tu as trouvé l’intérieur du silence, cet instant de tarlatane, ou de soie, ou de satin, où tu sens, dans les choses, la chaleur douce que les doigts recueillent
puis tes lèvres tremblent un peu, tu dis rien n’est aussi pur, tu observes, comme une débutante, la promesse du soleil sur l’appui de la fenêtre, et c’est comme si tu rentrais dans un rêve
tu es à l’intérieur de toi. tu ne sais comment
.
NO INTERIOR DO SILÊNCIO
depões o livro sobre o nariz para aspirar-lhe o cheiro do papel. depois balbucias coisas indefinidas, lembras-te das raparigas pintadas por Vermeer, absorves pelos vãos da casa, como elas, o amor das cartas
encontraste o interior do silêncio, esse instante de tarlatana, ou de seda, ou de cetim, em que sentes nas coisas a calidez que os dedos cobrem
depois tremem-te um pouco os lábios, dizes nada é tão puro, observas, como debutante, a promessa do sol no parapeito e é como se reentrasses num sonho
estás no interior de ti. não sabes como
.
.
À CINQUANTE ANS
à cinquante ans, on ne se trompe plus sur la qualité d’un poème, ni sur l’amour d’une femme
à cinquante ans, la lumière fixe d’une lampe règne sur ce que nous faisons
on se donne des règles : écouter en voiture Mingus, Davis, Coltrane, ne lire que Borges et au-delà, partir, choisir ses ennemis avec soin, oublier les médiocres, écouter le dentiste, promettre à la famille, entretenir l’espérance
à cinquante ans, la lumière ne voile ni ne révèle, elle est seulement un lieu vers lequel on va quand nul autre ne suffit —
on habite les heures, car le temps aussi est un lieu où l’on dépose le corps
à cinquante ans, un seul vers parfois suffit. c’est presque toujours lui qui nous sauve
.
AOS CINQUENTA
aos cinquenta já não se confunde a qualidade de um poema, ou o amor de uma mulher. aos cinquenta impera nas coisas que fazemos a luz fixa de uma lâmpada
impomos regras: ouvir no carro Mingus, Davis, Coltrane, ler somente de Borges para cima, ir, escolher bem os inimigos, esquecer os medíocres, ouvir o dentista, prometer à família, acalentar a esperança
aos cinquenta a luz não tapa nem destapa, é somente um lugar aonde se vai quando nenhum sítio é capaz – moramos nas horas, porque também o tempo é um lugar onde deixamos o corpo
aos cinquenta um só verso às vezes basta. quase sempre é ele que nos salva
.
.
AU NOM DE LA LUMIÈRE
pardonne, pardonne tout. au nom des matins frais, des jours brûlants, au nom des herbes qui ne sont qu’herbes, mais valent ton poème, au nom des voix immaculées des oiseaux qui s’emparent de la terre,
au nom de la lumière pardonne. pardonne tout
.
EM NOME DA LUZ
perdoa, perdoa tudo. em nome das manhãs frescas dos dias quentes, em nome das ervas que são ervas, mas valem o teu poema, em nome das prístinas vozes dos pássaros que se assenhoreiam da terra, em nome da luz
perdoa. perdoa tudo
.
.
ROSES ÉCARLATES, AGAPANTHES BLEU AZUR
rien de plus beau à présent que l’écarlate des roses, que les agapanthes bleu azur sur la terre
rien de plus sublime que le brouillard si bref qui précède les choses et annonce l’été
cet instant où la lumière tombe plus dense et la route tourne, et où les grilles soutiennent la petitesse insupportable du monde
cet instant où les yeux volent comme des pierres lancées sans même savoir de quel côté ils volent
.
ROSAS VERMELHAS, AGAPANTOS AZUIS
nada mais belo agora do que o vermelho das rosas, do que os agapantos azuis sobre a terra
nada mais sublime do que o nevoeiro brevíssimo que antecede as coisas e anuncia o verão
esse instante em que a luz cai mais junta e a estrada roda e as grades amparam a insuportável pequenez do mundo
esse instante em que os olhos voam como pedradas e não sabem sequer para que lado voam
.
.
ORAGE
au moins cela, les éclairs fouillant l’espace, éclairant la nuit, les tonnerres frappant aux gonds des portes, l’odeur de la terre sèche que les doigts de la pluie soulèvent. au moins cela, sentir quelque chose d’éveillé en nous et pour nous, comme un vibrato au piano que quelqu’un joue à une heure tardive, juste à temps pour nous sauver
.
TROVOADA
ao menos isso, os relâmpagos chafurdando no espaço, alegrando a noite, os trovões percutindo nos gonzos das portas, o cheiro da terra seca que os dedos da chuva levantam. ao menos isso, saber algo acordado em nós e para nós, como um vibrato ao piano que alguém toca a horas tardias, mesmo a tempo de nos salvar
.
.
SOLSTICE EN CRÈTE, PALAIS DE CNOSSOS
. à Catarina
.
nous aimerons pour toujours cette lumière limpide de Crète qui, au palais de Minos, éclaire les poissons et le taureau et toutes les formes que notre existence labyrinthique a emprisonnées
éblouis ou aveugles, nous voyons encore comme des ombres chromatiques le blanc des pierres, le rouge pompéien, le bleu cyan des fresques, le jaune moutarde, l’orange acidulé des visages et des corps, l’ocre des amphores dressées en offrande aux dieux
le temps peut — comme on crache les pépins amers — nous rejeter, mais nous avons vu la vie, et à un miracle immémorial nous devons le soleil de ce jour
.
SOLSTÍCIO EM CRETA, PALÁCIO DE CNOSSOS
para a Catarina.
.
amaremos para sempre essa luz límpida de Creta que no palácio de Minos os peixes ilumina e o touro e todas as formas que a nossa existência labiríntica aprisionou
ofuscados ou cegos, vemos ainda como sombras cromáticas o branco das pedras, o vermelho-pompeia, o azul ciano dos afrescos, o amarelo-mostarda, o laranja cítrico dos rostos e dos corpos, o ocre das ânforas erguidas em oferecimento aos deuses
pode o tempo (como se faz a pevides amargas) cuspir-nos, mas nós vimos a vida e a um milagre antiquíssimo agradecemos o sol deste dia
.
. PAVANE, RAVEL.
And death is real, and dark, and huge.
John Updike
.
tomber en nous‑mêmes sans un bruit, comme tombent sur la terre les insectes. demeurer dans le silence, pesant la douleur ou les vaines euphories. croire à la douceur des choses, surtout maintenant que l’on comprend la dimension de l’abîme.
.
PAVANA, RAVEL.
And death is real, and dark, and huge.
John Updike
.
cair dentro de nós mesmos sem rumor como caem na terra os insetos. permanecer no silêncio, sopesando a dor ou as vãs euforias. acreditar na lisura das coisas, sobretudo agora que se compreende a dimensão do abismo
.
..
MAISON DES GRANDS-PARENTS
dans les grandes jarres à grain tombait l’air épais de l’après midi, la lumière claire et tiède de juin, parfois les voix, le parfum du chiendent
sur la poussière acide les grands balais de fibres réveillaient la pénombre, et c’était là la maison, là le temps
aucune vitre ne s’interposait entre nous et les choses. nous et l’aile des oiseaux, nous et nous-mêmes
dedans, au sol, à la cave, la terre lévitait, humide et sèche
le bric-à-brac, malgré tous nos soins, appartenait aux toiles d’araignées infinies, à la ferraille, aux pierres du pressoir
la lumière tombait. c’était là l’enfance, là le temps. je le jure : ça l’est encore
.
CASA DOS AVÓS
dentro das tulhas caía o ar espesso da tarde, a luz limpa e cálida de junho, às vezes as vozes, o perfume do joio
sobre a poeira ácida os vassourões acordavam a penumbra e era aí a casa, aí o tempo
nenhum vidro se intrometida entre nós e as coisas. éramos nós e a asa dos pássaros, nós e nós mesmos
dentro, no chão, na cave, a terra levitava húmida e seca
o bricabraque, por muito que o limpássemos, pertencia às infindáveis teias de aranha, à sucata, às pedras do lagar
a luz caía. era aí a infância, era aí o tempo. juro, ainda é
.
.
PETIT ÉLOGE AUX CITRONS
. . à Céu
.
je les pèse dans ma main, j’en caresse la peau ridée, la poussière verdâtre reposant dans les replis de leur dos. dans la corbeille, ils sont invariablement le soleil, lumière que la maison chérit avec plaisir
le couteau qui les fend en deux se gorge de leur sang translucide et parfumé – et amer – et les narines s’emplissent de leur présence vive et vigoureuse
aucun aliment ne méprise le suc humble de cet agrume, pas plus que la mémoire ne dédaigne la voix des vieux maîtres que nous avons eus autrefois, et qui nous imposaient la décence inaltérable du stylo sur le cahier
je dirais que le sang des citrons est candide et peut-être un peu triste, mais jamais inoffensif – jamais indifférent
.
PEQUENO ELOGIO AOS LIMÕES
.
para a Céu
.
sopeso-os na mão, acaricio-lhes a pele enrugada, o pó-verdete repousando entre as volutas do seu dorso. depois na fruteira eles são invariavelmente o sol, luz que a casa acalenta com prazer
a faca que os corta pela metade enche-se do seu sangue translúcido e perfumado – e amargo – e as narinas ventilam a sua presença vívida e pujante
nenhum alimento desdenha o segregar humilde deste citrino, como não o faz a memória à voz de velhos mestres que se tiveram, e que outrora nos impunham a decência inquebrável da caneta sobre o caderno
diria que o sangue dos limões é cândido e talvez um pouco triste, mas jamais inócuo – jamais indiferente
. .
LES GINKGO BILOBA D’HIROSHIMA
.
Pour Tsutomu Yamaguchi, ingénieur naval, le plus célèbre des hibakusha
Pour Akira Hasegawa, professeur, dont le corps et la maison disparurent dans l’air, comme poussière de papillon
.
après la terreur, il fallut nettoyer la ville. les fonctionnaires impériaux venaient par roulement, plongeaient les pelles dans les débris poudreux de pierre, balayaient la boue d’un côté à l’autre, entendaient le vent gémir dans les cendres — le pire de tout, c’était ce sifflement du silence, ce crissement du fer sur les châssis sans vitre, dans les ruines des ponts qui dansaient comme des charnières, dans les têtes qui mouraient plus lentement que les autres organes
les fonctionnaires de l’empire allaient et venaient par roulement
parfois, ils enlevaient et serraient leur casquette avec émotion, conservaient dans de petits sarcophages de cèdre les squelettes pas entièrement consumés par le grand embrasement
il fallut — il fallut — réapprendre la carte de la pensée : là, c’était le zoo, plus loin, l’école primaire, cela — cette ombre calcinée sur le sol — une femme avec un enfant dans les bras
parfois, on tombait à genoux à l’endroit précis qui avait été la cachette parfaitement intacte d’un rite, d’un baiser, d’un adieu
jamais les mots ne parurent si peu nombreux parmi les décombres, ni si amers, ni si déments
des mois durant, se répétèrent le démantèlement, l’oubli, la poursuite — le pire de tout, c’était le noyau de la mort, la manière dont elle ouvrait la gorge et demeurait
Ichiro Kawamoto, à qui Philip Levine dédia un poème puissant, affirma qu’au printemps 46 un miracle eut lieu : vers la mi‑mars, quelque vert détacha sa langue dans le paysage infernal
— on regardait et voyait des bourgeons surgir des branches brisées des ginkgos biloba, renaissaient de petites pointes imprégnées de sève
et cela — pensaient les fonctionnaires de l’empereur —, cela — pensons‑nous — cela voulait dire quelque chose
.
AS GINGKO BILOBAS DE HIROSHIMA
.
Para Tsutomu Yamaguchi, engenheiro naval, o mais célebre dos hibakusha
Para Akira Hasegawa, professor, cujos corpo e casa desapareceram pelo ar, como pó de borboletas
.
depois do terror foi preciso limpar a cidade. os funcionários imperiais vinham em turnos, metiam as pás nos restos polvorentos da pedra, varriam a lama de um lado para o outro, ouviam o vento ganir nas cinzas – o pior de tudo era este assobio do silêncio, esse guinchar do ferro nas aérolas sem vidro, nos escombros das pontes que dançavam como dobradiças, nas cabeças que morriam mais devagar do que os outros órgãos
os funcionários do império iam e vinham em turnos
às vezes retiravam e apertavam o barrete cheios de comoção, guardavam em pequenos sarcófagos de cedro os esqueletos não inteiramente consumidos pelo grande lume
foi preciso – foi preciso – reaprender o mapa do pensamento: ali era o zoológico, acolá a escola primária, aquilo – aquela sombra calcinada no pavimento – uma mulher com o filho ao colo
às vezes caía-se de joelhos no lugar exato que havia sido o esconderijo puramente intacto de um rito, de um beijo, de uma despedida
nunca as palavras se pareceram tão poucas no entulho, nem tão amargas, nem tão dementadas
meses a fio repetiu-se o desmantelar, o esquecer, o prosseguir – o pior de tudo era o caroço da morte, o modo como escancarava ela a garganta e permanecia
Ichiro Kawamoto, a quem Philip Levine dedicou um poema portentoso, afirmava que na primavera de 46 aconteceu um milagre: aí por meados de março, algum verde soltou a língua na paisagem infernal
– olhávamos e víamos brotos sair dos ramos espedaçados das gingko bilobas, renasciam pequenas pontas impregnadas de seiva
e isto – pensavam os funcionários do imperador –, isto – pensamos nós – isto queria dizer alguma coisa
.
Biographie de l’auteur, sélection de textes et traduction par Emma Vousseur et Guillaume Meunier. .
João Ricardo Lopes (Guimarães, 1977) è uno scrittore, poeta e docente portoghese. È autore di una vasta e coerente opera poetica, composta da sette volumi pubblicati, a que se aggiungono una raccolta di racconti e un’antologia di cronache letterarie. Il suo lavoro è stato riconosciuto con importanti premi nazionali e tradotto in diverse lingue, tra cui l’inglese, lo spagnolo, l’italiano e il francese.
La sua poesia si distingue per un tono meditativo e interrogativo, spesso centrato sulla ricerca del silenzio, della redenzione e dell’enigma della condizione umana. Lontana da ogni lirismo ornamentale, la sua scrittura si nutre di una tensione filosofica profonda, con richiami espliciti o sottili al pensiero di Schopenhauer, Sartre, Camus e Cioran.
Lopes coltiva inoltre un costante dialogo con altre forme artistiche, in particolare la musica e la pittura, che assumono un ruolo strutturante nella sua visione poetica. Tale inclinazione interdisciplinare si riflette anche nella sua attività critica e saggistica, spesso attenta alle intersezioni tra parola, immagine e suono.
Vive e lavora a Fafe, nel nord del Portogallo, dove insegna lingua e letteratura portoghese. Il suo impegno educativo accompagna da anni una riflessione etica ed estetica sulla funzione della poesia nel mondo contemporaneo.
•
IL FUOCO DEI GITANI
per Catarina
.
nel sud di Lanzarote, vicino a Playa Blanca,
in un luogo che chiamano Los Charcones,
ho visto ciò che più somiglia, sulla terra,
alla luna
il paesaggio è coperto di piroclasti, di cenere dura,
di polvere.
qui non sopravvive nulla, tranne l’euforbia strisciante
e qualche specie di lucertola
ma di notte questo deserto si riempie di fuochi,
di piccole fiamme sparse
tra muri e tende
dicono sia il fuoco dei gitani,
nessuno sa da dove vengano o dove vadano.
e io dico: siano benedetti, perché esistono
Poema tratto dal libro Em Nome da Luz (2022)
.
O LUME DOS CIGANOS
para a Catarina
.
no sul de Lanzarote, perto de Playa Blanca,
num lugar a que chamam Los Charcones,
vi o mais parecido que há na terra
com a lua
a paisagem cobre-se de piroclastos, de cinza dura,
de pó.
nada aqui sobrevive, exceto a rasteira eufórbia
e uma ou outra espécie de lagarto
mas à noite este deserto enche-se de fogueiras,
de pequenas labaredas dispersas
entre muros e tendas
explicam é o lume dos ciganos,
ninguém sabe de onde vêm ou para onde partem.
e eu digo abençoados sejam, porque existem
Testo originale in portoghese: dal libro Em Nome da Luz (2022)
.
•
SOLSTIZIO D’ESTATE, ROMA
tra le tende
il sole insiste ed entra. quel che di lui
ci scalda sul davanzale
è un riflesso velato
del paradiso.
la luce copre la pelle
e la spoglia,
ricuce,
l’addolcisce senza paura.
è questo il tempo: un misto
amaro e dolce, di brivido solitario
e di tenerezza
Poema tratto dal libro Em Nome da Luz (2022)
.
SOLSTÍCIO DE VERÃO, ROMA
por entre as cortinas
o sol insiste e entra. o que dele
no parapeito nos aquece
é um resquício velado
do paraíso.
a luz cobre a pele
e despe-a,
sutura,
amacia-a sem medo.
é isto o tempo: uma mescla
amarga e doce, de arrepio solitário
e desvelo
Testo originale in portoghese: dal libro Em Nome da Luz (2022)
.
•
MATTINE DI ASSISI
O que nos chama para dentro de nós mesmos
é uma vaga de luz, um pavio, uma sombra incerta.
Fiama Hasse Pais Brandão
.
la santità di questo luogo è la luce,
il bianco che si solleva dalle mura e non si lascia imprigionare
da nulla
di questa luce parlo in altri poemi, e a proposito di altre città
non sarà più che la chiarezza di una margherita,
o il bagliore del finocchio selvatico,
più che una finestra socchiusa sul nascondiglio
delle memorie,
più che un camminare di pietre dove si va a piedi
la luce, questa luce limpida di Assisi, è un silenzio
levita con il suo peso casto, e consola.
e non ci sono parole per lei, non ci sono
Poema tratto dal libro Em Nome da Luz (2022).
.
MANHÃS DE ASSIS
O que nos chama para dentro de nós mesmos
é uma vaga de luz, um pavio, uma sombra incerta.
Fiama Hasse Pais Brandão
.
a santidade deste lugar é a luz,
o branco que se eleva das muralhas e se não deixa prender
a nada
dessa luz falo noutros poemas e a propósito de outras cidades
não será mais do que a claridade de um malmequer,
ou o fulgor do morrião dos campos,
mais do que uma janela entreaberta para o esconderijo
das memórias,
mais do que um caminhar de pedras por onde se vai a pé
a luz, esta luz límpida de Assis, é um silêncio
levita com o seu peso casto e acalenta.
e não há palavras para ela, não há
Testo originale in portoghese: dal libro Em Nome da Luz (2022)
.
•
ROSSE ROSE, AGAPANTI BLU
niente ora è più bello
del rosso delle rose,
degli agapanti blu sopra la terra
niente è più sublime
della nebbia brevissima
che precede le cose e annuncia l’estate
quell’istante
in cui la luce cade più compatta e la strada gira
e le ringhiere sorreggono l’insopportabile piccolezza
del mondo
quell’istante
in cui gli occhi volano come sassi
e non sanno nemmeno
da che parte stanno volando
Poema tratto dal libro Eutrapelia (2021)
.
ROSAS VERMELHAS, AGAPANTOS AZUIS
nada mais belo agora
do que o vermelho das rosas,
do que os agapantos azuis sobre a terra
nada mais sublime
do que o nevoeiro brevíssimo
que antecede as coisas e anuncia o verão
esse instante
em que a luz cai mais junta e a estrada roda
e as grades amparam a insuportável pequenez
do mundo
esse instante
em que os olhos voam como pedradas
e não sabem sequer
para que lado voam
Testo originale in portoghese: dal libro Em Nome da Luz (2022)
.
•
AGOSTO
su frágil armazón de inseguros instantes
José Luis García Martín
.
dovrei parlarti della madreperla,
di quanto splendano i corpi iridescenti,
senza scordare la chitina dello scarabeo,
o la macchia iridescente dell’olio
dovrei dirti quanto mi affascinano
le forme segrete del quarzo,
del sale, delle biglie
o questo verde azzurrato del mare
che mi punge come crisocolla tra le dita,
questo blu dove gli occhi si addormentano
e incerti gelano nel silenzio
questo punto preciso
dove l’infimo e l’infinito stillano l’attimo
e si fanno vetro
Poema tratto dal libro Eutrapelia (2021)
.
AGOSTO
su frágil armazón de inseguros instantes
José Luis García Martín
.
deveria falar-te do nácar,
de como são belos todos os corpos iridescentes,
sem esquecer a quitina do escaravelho,
ou a mancha de combustível
deveria contar-te o quanto me intrigam
as formas interiores do quartzo,
do sal, dos berlindes
ou este verde azul do mar
ferindo-me como crisocola entre os dedos,
este azul onde os olhos adormecem
e indecisos gelam em silêncio
este ponto exato
em que o ínfimo e o infinito segregam o instante
e em vidro solidificam
Testo originale in portoghese: dal libro Eutrapelia (2021)
.
•
IN NOME DELLA LUCE
perdona, perdona tutto.
in nome dei mattini freschi,
dei giorni caldi, in nome delle erbe
che sono solo erbe, ma valgono
il tuo poema, in nome delle voci pristine
degli uccelli che si impadroniscono della terra,
in nome della luce
perdona. perdona tutto
Poema tratto dal libro Em Nome da Luz (2022)
.
EM NOME DA LUZ
perdoa, perdoa tudo.
em nome das manhãs frescas
dos dias quentes, em nome das ervas
que são ervas, mas valem
o teu poema, em nome das prístinas vozes
dos pássaros que se assenhoreiam da terra,
em nome da luz
perdoa. perdoa tudo
Testo originale in portoghese: dal libro Em Nome da Luz (2022)
.
•
UN GIORNO CONCRETO
chiesero a Ludwig Wittgenstein se quello fosse un giorno concreto
cos’è un giorno concreto?
che cazzo è, un giorno concreto?
non ho mai saputo quale fu la risposta dell’austro-inglese
un giorno concreto.
concreto come un campo di zizzania o di cicuta davanti a noi.
concreto come Tōru Takemitsu in Nostalghia.
concreto come l’odore della serratella, della cipolla o della gomma da masticare nella tua bocca.
concreto come un bicchiere d’acqua sul tavolo
un giorno concreto come restare svegli davanti a un grande orologio da parete.
come incrociare lo sguardo che ci osserva dallo specchio
un giorno concreto come il bruciore alla vescica.
come far rotolare una pietra tra le dita
un giorno concreto come tossire senza grazia per via della polvere.
come scrivere su un foglio infinito la sequenza di Fibonacci
come toccare un sedere.
come sentire il soffritto che prende fuoco
un giorno passato tra il maestrale gelido e la luce che brucia.
un giorno concreto.
ad ascoltare i grilli o a pulirsi le cispe dagli occhi.
concreto come preparare un’insalata con scarola, rucola o lattuga.
come leggere in piedi Bernardo Atxaga o Philip Levine.
o fumare una brutta copia di un Cohiba.
come sbraitare al telefono con qualcuno per le spese del condominio
un giorno concreto.
concreto come tutti i giorni concreti, pieni di fretta e lentezza,
con le mani in tasca, nei guanti, sulla pelle,
pronte a stringere il quaderno e storpiare un’altra poesia
un giorno concreto come amare Le Quattro Stagioni di Vivaldi
e non avere altro da aggiungere.
concreto come avere la barba lunga e nessuna lametta o sapone in casa,
né voglia di radersi quel volto stanco, quasi di nuovo bambino.
concreto come l’autocommiserazione.
come ascoltare alla radio la Quarta di Brahms diretta da Bernstein.
concreto come una mela, al contrario: obclava, svanita.
come il gemito succubo nel coltello che la taglia in due, in quattro.
concreto come prendere un pugno o un paio di corna,
e camminare per settimane con le ossa dolenti.
concreto come i sacchi di tela sulle spalle di uno straccivendolo.
come il tanfo di un animale in decomposizione sull’asfalto.
concreto come il riflesso della pioggia e il peso di un bacio sulle guance
torniamo dunque all’inizio:
chiesero a Wittgenstein, credo sia stato Bertrand Russell,
mentre succhiava la pipa:
cosa significa per lei un giorno concreto?
uno pensava all’ipotetico ippopotamo nascosto tra i mobili del salotto.
l’altro rifletteva su materia e antimateria, sulla lettera che avrebbe scritto
a Niels Bohr
cosa significa per lei un giorno concreto?
era una chiacchierata da filosofi.
e, come si può facilmente sospettare, non arrivarono a nessuna conclusione
Poesia inedita . .
UM DIA CONCRETO
perguntaram a Ludwig Wittgenstein se aquele era um dia concreto
o que é um dia concreto?
o que é a porra de um dia concreto?
nunca soube a resposta que deu o austro-inglês
um dia concreto.
concreto como um campo de cizânia ou de cicuta à nossa frente.
concreto como Tōru Takemitsu em Nostalghia.
concreto como o cheiro da serralha ou de uma cebola ou do chewing gum na tua boca.
concreto como um copo de água sobre a mesa
um dia concreto como estar acordado diante de um grande relógio de parede.
como olhar nos olhos os olhos que nos olham ao espelho
um dia concreto como sentir ardor na bexiga.
como ter uma pedra a rolar entre os dedos
um dia concreto como tossir sem blandícia por causa do pó.
como escrever numa folha interminável a sequência de Fibonacci.
como apalpar um traseiro.
como sentir o estrugido a queimar
um dia passado entre o frio mistral do vento e o abrasador da luz.
um dia concreto.
a escutar grilos ou a limpar ramelas.
concreto como fazer uma salada com escarolas ou rúcula ou alface.
como ler de pé Bernardo Atxaga ou Philip Levine.
ou fumar uma imitação barata de um Cohiba.
como vilipendiar alguém ao telefone por causa do condomínio
um dia concreto.
concreto como todos os dias concretos, cheios de pressa e de vagar,
mãos nos bolsos, nas luvas, na pele,
prontas a segurar o caderno e a estropiar mais um poema
um dia concreto como amar as Quatro Estações de Vivaldi
e não ter mais que dizer.
concreto como ter a barba crescida e nenhuma lâmina ou sabão em casa,
nem vontade para escanhoar o atordoado rosto, quase de novo infantil.
concreto como a autocomiseração.
como ouvir na rádio a Quarta de Brahms conduzida por Bernstein.
concreto como uma maçã, ao contrário, obclávea, tonta.
como o gemido súcubo dentro da faca que a corta em dois e em quatro.
concreto como levar um murro ou um par de cornos
e andar semanas, magoadamente, a cair sobre os ossos.
concreto como sacos de lona às costas de um farrapeiro.
como o fedor de um animal em decomposição sobre o asfalto.
concreto como o reflexo da chuva e o peso de um beijo sobre as faces
voltemos, portanto, ao começo:
perguntaram a Wittgenstein, creio que foi Russell quem o fez,
enquanto alambazava o cachimbo
o que é para si um dia concreto?
um indagava no putativo hipopótamo escondido entre os móveis da sala.
o outro meditava em matéria e antimatéria, na carta que haveria de escrever
a Niels Bohr
o que é para si um dia concreto?
era uma conversa fiada, de filósofos.
a nenhuma conclusão chegaram, como é fácil, aliás, de suspeitar
Testo originale (inedito) in portoghese
.
•
Biografia dell’autore, selezione dei testi e traduzione di Fabrizio Poli.
On the night of June 23rd that year, the only lamp still lit in the university residence was mine. From the third floor, I could take in the sky ablaze above the city and the festivities. In Porto, it’s mandatory to enjoy oneself on the eve of St. John’s Day. Patios, stairways, alleys, passageways, squares, and avenues fill with noise, colored paper streamers, and the glint of sardine scales. It is compulsory to go out, to mingle, to raise a racket, to drink with abandon, to brandish leeks and press them against the insincerely naïve noses of young women. Tradition has it that this is the solstice night. Even if it’s not the shortest night of the year, it is certainly the longest. Every reveler knows that.
As for me, I stubbornly shut myself in to study Linguistics. From outside, the world burst in—loud, full of life—like a stab to the heart. Through the windowpane I could see the rooftops and church towers where the trailing fire of paper lanterns climbed skyward, the scattered light from crowded balconies, from grills and barbecues burning bright, and the lagging groups running about with their plastic hammers. I could swear the dozens of students’ rooms were empty. Since mid-afternoon, I hadn’t seen a soul in the hallways, nor heard a single voice inside the building.
Martinet’s notes struck me as monstrously tedious. I underlined them with a fluorescent marker and recited the glosses aloud from my notebook. I was alone.
It was in that solitude that I noticed the sky sinking into ever darker shades of green-black, eerily like chromium oxide, suffocating the horizon. The first lightning bolt and thunderclap I mistook for part of the celebration. But then came more. The storm wasted no time shaking the windows and unleashing the most vengeful rain I had ever witnessed.
In an instant, cries of confusion multiplied—hysterical, terrified. Sheets of rain hammered mercilessly against the long tables on the terraces. The grills were dragged under awnings however best they could. Old and young alike huddled together in kiosks and under doorways. The scene of the commotion struck me as so amusing, so full of warmth, that I opened a drawer and took out my Leica.
Despite the fogged glass and saturated air, the landscape had changed. It seemed beautiful now—human, sheltering, inviting.
Far away, the floodlights of the churches lit the storm. Closer, the streetlights revealed the damage. I went down to see it better. As soon as I opened the door, I came face to face with one of those poor souls so common in our cities.
— Didn’t mean to scare you, son. Forgive me!
— You didn’t. Don’t worry!
I hesitated for a moment, unsure whether to step out or invite him in. There was a mix of smoke and vapor rising from the asphalt. My camera was ready.
— This rain. Who could have guessed!
The man said nothing. He only shrugged. In one hand he held an apple, in the other a nylon sack. That downpour, it seemed, was nothing unusual to him.
— You’ll be soaked through… Come in, take shelter!
Without a word, the man obeyed.
I looked at the street: a box of peppers on the ground, abandoned beers, cats under cars, smoke. St. John, it seemed, had proven himself indecent. I couldn’t bring myself to fire the flash. Then the man said:
— In any case, what you’re feeling now is déjà vu.
And it was true: the whole scene felt familiar, as if some link in my memory had sparked the impression I had lived that moment before. The man—though I’d never seen him—was, I could swear, oddly familiar.
— You’re not going to take a single shot with that camera. The objects don’t interest you. Only the subject in front of you is worth noting. Isn’t that right?
His tone, nearly arrogant, sounded like a reproach. He went on:
— Right now, you’re thinking about how to get out of this mess. The street no longer seems the strangest place in the world—this little space here does, doesn’t it? You’re thinking how that box of peppers, those abandoned beers, those screams, those cats hiding under the cars, that smoke—none of it compares to the chaos reigning in your head.
— And how can you possibly know all this?
— Martinet’s Elements of General Linguistics upstairs is proof enough that we’ve both sunk into the same wretched solitude.
— Who are you?
— You always choose the side door, never the corridor straight ahead… You’re still thinking in mazes. And yet, since the moment we saw each other just now, you’ve known—we are the same person!
— We’re the same person?
— The same character, yes!
— The same character?
— Don’t look so surprised. Borges—whom you’ve yet to meet—does the same in the first story of The Book of Sand. Dickens—whom you’ve already forgotten—does it with Ebenezer Scrooge. Dante—whom you’re about to discover—dreams of his own soul transmigrating through the circles of Hell, Purgatory, and Paradise.
— And you’ve come to show me the future, is that it? To prove something? That I—we—are wretched? That I need to change so we can both be redeemed?
— I haven’t come to prove anything at all…
My other self bit into the apple, slung his bundle over his shoulder, and stepped back out into the night, unafraid of the deluge, swallowed by the dirty reflection of a thousand shattered lights.
With the Leica off in my hands, I watched him go, unable to add a single word.
Truth be told, there was nothing left to say.
.
From the book O Moscardo e Outras Histórias (The Horsefly and Other Stories, 2018, pp. 255–259)
Weary of the errors of his age, of the injustices of his people, and of the brazen lies by which one fed the other— weary of the vileness with which both had cast aside the primacy of kindness among men— Kazuya turned his back on the city and walked toward nothingness for as many days as his sandals would carry him.
In a certain misty place, he came upon a curious tree, which seemed as lost as he was. There, beside it, he began to draw from within himself the words he had long kept buried—words that rattled in his mind like water boiling in a pot.He said many things: first in whispers, then in cries, and at last in deep regret.
Then he felt a great cold. An immense, devastating solitude. An uncontrollable urge to weep. And weep he did, as much as his eyes could bear. Afterward, he embraced the tree, thanked it, and continued his journey into the green-gray horizon. Nothing more was known of him than this.
The last person to see him was an old spinner of thread.
She marveled that such a ragged vagabond could seem happier than a lit lamp— and that he had asked her for nothing, not even a good day.
They brought him ivory, and he carved it with the most refined patience of which the human kind is capable. The objects that came from his hands were among those most ravenously coveted by foreigners in Brazzaville, in Djambala, in Sibiti, in Mandigou, and throughout the Congo. They called him “The Blessed One,” though his real name was Isidor Nkobanjira. As he grew old, he boasted of having no fewer than seventy children.
Near the end, he began to cut and pierce and carve deep grooves into an elephant tusk. First, he etched the winding course of a river, then the rise of a mountain, then a flurry of perfectly hemispheric stars. With care, he added water and fish, earth and impalas, sky and vultures. He filled the ivory with every creature he could remember, omitting neither silence, nor death, nor fear.
“The whole universe fits here,” Nkobanjira thought.
But in truth — he noticed with a look of dissatisfaction — after all was done, a bit of space still remained.